Asamblearismo y autogestión
      es un interesante y sugerente artículo publicado en GARA el 23 de marzo de 2002 por Oier Llanos (Gasteizo Gazte Asamblada, Abetxukoko G.A y Zaramazulo).


      Oier Llanos * Gasteizko Gazte Asanblada, Abetxukoko G.A. y Zaramazulo
      Asamblearismo y autogestión

      Corren vientos que nos hablan de un único sistema económico posible, de la homogeneización y la unifor- mización social. Nos presentan un solo sistema económico válido, que comporta un único sistema político-social-cultural. Los aparatos del poder dirigen sus esfuerzos a perpetuar este único sistema. Se trata de expandir un determinismo que nos genere una sensación de impotencia y de falta de alternativas viables a este «único» sistema.

      No sólo eso, sino que la memoria histórica que nos habla de diversidad y pluralidad se pierde ante el beneficio individual cortoplacista. Las experiencias en sentido contrario al poder intentan ocultarlas, echarlas al cajón de los recuerdos, vaciarlas de contenidos, dotarlas de cierto utopismo romántico inviable ­nos dicen­. Y las que hoy siguen luchando por mantener su idiosincrasia, que cuestionan los derroteros por los que camina el mundo, intentan criminalizarlas, hacerlas desaparecer por la fuerza o marginarlas.

      Todo lo que suponga un obstáculo en la dimensión globalizadora para los intereses de las grandes multinacionales es un peligro para su desarrollo y, por tanto, objeto de persecución. Las resistencias múltiples y variadas que se manifiestan en este sentido son el enemigo hoy más evidente y real a las pretensiones del capitalismo salvaje y desequilibrador de la vida.

      Es aquí donde se colocan los ataques a experiencias en la autoorganización, al margen de las pautas marcadas por el poder, que, cuestionándolo, aunque sea desde una dimensión local, cuestionan en realidad todas y cada una de sus estructuras y actuaciones. Y es ahí donde radica la importancia de estas experiencias que muchas veces nos parecen intrascendentes en el contexto global.

      Y estamos hablando de una experiencia actualmente en candelero en nuestra ciudad, y no precisamente por voluntad de los participantes en ésta. La polémica está generada por la autoridad local, representada en el alcalde de Gasteiz, al manifestar su intención de desalojo y derribo del Gaztetxe, en base a argumen- taciones supuestamente mercantiles («regeneración económica» y «turismo»), además del más puro estilo chusquero del pensamiento único: a este señor no le gusta el Gaztetxe.

      No por ser el centro de esta polémica es la única experiencia en Gasteiz, ahí están Gazte Asanblada de Judizmendi y Abetxuko, Zaramazulo en Zaramaga, etc. Todas ellas representan un obstáculo y una resistencia a las intenciones de «desarrollo» del sistema único. No sólo en cuanto a espacios, sino también en cuanto al método de gestión y de entender los vínculos y relaciones tanto individuales como colectivas.

      La autogestión es el fin y el asamblearismo el instrumento de estas experiencias. Prácticas que chocan frontalmente con las emanadas desde el poder.

      Autogestión entendida como la gestión autónoma y soberana, a nivel individual y colectivo, libre de todo condicionamiento externo. Cuestiona directamente al poder ya que fomenta la libre adhesión frente a la coerción estatal, y la autonomía frente a la dependencia, frente a lo único y unívoco. Autogestión que tienen en la historia numerosas experiencias en cuanto a gestión de la economía por los propios productores. Autogestión que se enfrenta a las intenciones centralizadoras y burocráticas.

      Apela a los individuos como sujetos activos conscientes frente a la consideración como meros objetos de consumo, pasivos y maleables. Cuestiona la lógica del mercado como motor del desarrollo, como el mecanismo que debe regir el desarrollo humano. Cuestiona la concentración y el monopolio. La centralización y concentración del poder. Las formas burocráticas y autoritarias de organización. Cuestiona la delegación, la pasividad, la asunción acrítica del sistema, en definitiva, la alienación. Por el contrario, la autogestión solicita la revisión continua y constante del estado de las cosas. Fomenta el espíritu critico propio, la participación social en los procesos de transformación. La responsabilidad del individuo frente a su entorno, y frente a sí mismo. Cuestiona la primacía de lo económico frente a los social. Participa de la diversidad, frente a la standarización, la homogeneización y la cultura mercantilizada global. Aboga por la cooperación frente a la competitividad y el mercado. Cuestiona el pragmatismo cortoplascista (cultura del pelotazo) frente al beneficio colectivo, la equidad y la justicia. En estas experiencias se diluyen las formas y estructuras autoritarias, cobrando fuerza la conciencia y la autonomía.

      El asamblearismo es el instrumento idóneo para poner en práctica estas experiencias. Asamblearismo que fomenta la participación desde la base y contrapone a las estructuras autoritarias y jerárquicas otras formas de tipo horizontal. El poder se disuelve, pues la relación horizontal no se basa en la «obediencia debida», ni en la existencia de status. Son los individuos los que de forma voluntaria participan en iguales condiciones sin distinciones. Los acuerdos se toman por consensos, mediante la libre adhesión. Esto funciona como mecanismo equilibrador de posturas, integradas en el beneficio colectivo y no en el personal.

      La asamblea es la práctica de la democracia directa, sin mediaciones, ni vanguardias. No existe en ella separación entre dirigente y dirigido, entre pensante y ejecutante. Todos/as participan de igual manera y sus aportaciones son igualmente válidas. La asamblea es el lugar de debate y de toma de decisiones. El protagonista exclusivo, que elimina posibilidades de manipulación y coerción.

      Estos son los planteamientos y las prácticas que se desarrollan en este tipo de experiencias: Gaztetxe, locales ocupados, gazte asanbladas, etc. Chocan así frontalmente con todas las prácticas autoritarias que se ejercen desde las instituciones, tanto locales como internacionales. Es por ello por lo que podemos decir que son el contrapunto y alternativa al propio sistema.

      Significan una resistencia a la intención de blindar un sistema económico-político-social-cultural único, en el que la espontaneidad, la participación y el interés social estorban y, por tanto, son para el poder un objetivo a eliminar, utilizando para ello estratagemas manipuladoras y represivas.

      Y es ahí también donde reside la importancia de estas experiencias. La lucha por su permanencia y desarrollo es hoy una cuña en las aspiraciones liquidacionistas del sistema contra cualquier tipo de disidencia y de diversidad social.

      Garantizar la participación y la pervivencia del Gaztetxe significa mantener un punto referencial en el que se articulan unas nuevas formas de actuación y planteamientos que ponen en evidencia toda la hipocresía, autoritarismo y corrupción de aquellos que, levantando la bandera del mercado y la democracia, quieren acabar con la riqueza que significa la diversidad. *

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